ORTODONCIA INFANTIL

En nuestra Clínica en Oviedo

Todos los niños deberían acudir al ortodoncista antes de cumplir los 7 años de edad.
Cuando hablamos de niños y de ortodoncia la mayoría de la gente piensa en adolescentes, y no están desencaminados, pues la mayoría de tratamientos de ortodoncia fija (con brackets) se realizan entre los 9 y los 14 años de edad.
Pero algunos problemas ortodóncicos son más fáciles de corregir cuando los detectamos a una edad temprana.
Aunque los dientes del niño parezcan derechos, podrían existir problemas a nivel esquelético, y es en esta edad  en la que los huesos maxilares están en desarrollo es cuando un buen diagnóstico y un tratamiento adecuado puede ser muy beneficioso para el niño.Este tratamiento precoz o temprano nos ayudará a prevenir problemas más serios y conseguir que éste sea mas rápido y de menos dificultad en edades más avanzadas.
Estos tratamientos denominados de Ortopedia Dentofacial suelen involucrar el uso de aparatos ortodóncicos removibles o fijos con los que conseguimos guiar el crecimiento de los huesos correctamente así como crear la situación más adecuada para la erupción de los dientes permanentes.
Con la Ortopedia Dentofacial podemos lograr resultados que no serían posibles una vez que la cara y los huesos maxilares hayan terminado de crecer.

Un tratamiento temprano nos permitirá:

  • Guiar el crecimiento del hueso maxilar y de la mandíbula.
  • Disminuir el riesgo de trauma de los dientes anteriores protruidos en exceso.
  • Corregir hábitos orales indeseables y dañinos.
  • Guiar los dientes permanentes hacia una correcta erupción.
  • Conseguir una mejor estética facial y sellado labial.

Cómo detectar estos problemas en el niño:

No es nada fácil detectar este tipo de disarmonías bucofaciales, por eso es tan necesario realizar una revisión antes de los 7 años.
Algunos indicios de la necesidad de tratamiento son estos:

  • Pérdida temprana o tardía de los dientes de leche.
  • Respiración bucal, dificultad en la respiración u ojeras excesivas.
  • Dificultad para masticar o morder. Ronquidos.
  • Malos hábitos tales como chuparse el dedo.
  • Dientes muy apiñados, en mala posición o bloqueados.
  • Mandíbulas demasiado hacia adelante o demasiado hacia atrás.
  • Mordidas borde a borde o en tijera.
  • Dientes superiores o inferiores que no se juntan o que se juntan de una manera anormal.
  • Morderse las mejillas o el paladar.
  • Dientes protruidos.
  • Apretar o rechinar los dientes.
  • Una apariencia facial desequilibrada.